jueves, 18 de febrero de 2010

La cultura “pop” del ninja

Rainer Tuñón C.

En el contexto de la difusión masiva de leyendas, los “ninja” o “shinobi” son una élite entrenada para desarrollar acciones estratégicas poco ortodoxas en el arte de la guerra. Ellos abren el espacio a través del espionaje, la elaboración meticulosa de formas de eliminación, sabotaje y desarrollo de guerras de guerrillas con el afán de desestabilizar al ejército enemigo y obtener información valiosa que hiciera ganar conflictos bélicos.


Esta visión del espía mortífero por excelencia fue conducida hacia la cultura popular gracias a la literatura, luego por el cine y la televisión, extendiendo su radio de acción con la fantasía del anime, los comics y por ende, los videojuegos.


En la literatura, los escritores japoneses Ryōtarō Shiba y Fūtarō Yamada, concibieron “El castillo de la lechuza” y “Los rollos de los Ninja Kōga”, respectivamente, dos clásicos que introdujeron a los lectores en la cultura ninja; sin embargo en el occidente el escritor Ian Fleming popularizó a estos guerreros en su obra “Sólo se vive dos veces”, convirtiéndolos en dolores de cabeza para James Bond, y posteriormente James Clavel los presentó en su obra “Shogun: señor de samuráis”.


El fenómeno se hizo evidente en Estados Unidos desde la pequeña pantalla cuando la teleaudiencia se sorprendía con Kato (Bruce Lee), el chofer del “Avispón verde”, un héroe enmascarado vestido de negro que luchaba contra el crimen con una técnica de combate distinta a la acostumbrada. Kato podría convertirse en un antecedente al concepto “pop” del ninja.


Hacia 1967 se estrenó el filme “Sólo se vive dos veces” con Sean Connery y en los años siguientes, con la fiebre de las artes marciales, la indumentaria ninja se convirtió en un icono pop hasta principios de la década de los ochenta cuando los productores Menahem Golan y Yoran Globus crearon el “Cannon Group”, una casa productora y distribuidora de películas de pésima calidad pero de alto rendimiento en taquillas por contar con estrellas conocidas, entre ellas a Chuck Norris, Charles Bronson, Sylvia Kristel, Bo Derek, Richard Chamberlain, Michael Dudikoff, Sho Kosugi y Jean Claude Van Damme.


Además, en esos años eran muy celebradas las series “Por el honor de los Takeda” y “Lobo solitario y su cachorro”, basada en la obra de Kazuo Koike, así como también el “Ninja Kamui”.


Hacia 1981 crearon un concepto titulado “Enter the Ninja”, título extraído del éxito arrasador de “Enter the Dragon”, con Bruce Lee. En este caso reclutan al astro del cine B Franco Nero (Django, “Vamos a matar compañeros” y “Duro de Matar 2”) para contar la historia de un veterano de Vietnam que se entrena en “nunjitsu” y debe enfrentarse a Venarius y su clan de ninjas cuyo villanísimo es Sho Kosugi, maestro japonés de las artes marciales, que se popularizó por interpretar a ninjas (“Black Eagle”, “Ninja III”, “Kabuto”, “El regreso del ninja”).


Luego, una serie de televisión titulada “El maestro”, con Lee Van Kleef extendió la fiebre ninja hasta que una serie creada por Cannon Group la hizo polvo con la saga “American Ninja”, protagonizada primero por Michael Dudikoff y luego por David Bradley.


La pasión ninja pasó hacia el comic y el dibujo animado con las series GI Joe y Las tortugas ninja, pero las nuevas generaciones han conocido a Naruto, creado por Masashi Kishimoto, Azumi, Ninja Scroll, Ninja Boy y Ninja Hatori.


En el cine, los norteamericanos utilizaron a los ninjas para producir películas infantiles como “3 Ninjas” y comedias de menor calibre como “Un ninja en Beverly Hills” (con el difunto Chris Farley), lo que nos lleva a la actualidad cuando un gran estudio se entusiasma por llevar de la mano del productor Joel Silver, los hermanos Washowski (los de The Matrix) y el director James McTeige (“V de Vendetta”) para entregar “Ninja Assasin”, más de lo mismo, pero con un presupuesto más decente que las experiencias cinematográficas anteriores.


En este filme, Raizo (por cierto habrá que encontrar en “youtube” canciones de Rain para saber quién es el protagonista de la película) es un asesino ninja entrenado por el clan de Lord Ozunu (Sho Kosugi) que espera con paciencia en qué momento se descuida la organización para acabarla.


En el camino, somos testigos de una sesión de sangre digital a montones, cuerpos desmembrados, un completo desperdicio de actores y una historia que pide a gritos que sea contratado un guionista decente y coherente.


Si es por disfrutar una película de acción, hasta este género tiene sus códigos definidos por las extraordinarias secuencias de persecución, peleas sangrientas, diálogos agudos y graciosos, efectos especiales adecuados, alguna actuación qué destacar, pero sobre todo un buen relato.



Ahora, si es por ver películas de ninjas, mejor rescaten “Ninja Shaolín”, de Robert Tai, protagonizada por Alexander Lo Rei (que incluye a un monje del Harlem, karate krisna y mujeres peleando como les gusta a la fanaticada) o aquella de “Ninja Operation”, de Geodfrey Ho, que al menos sabemos que son muy malas, pero más divertidas.

jueves, 21 de enero de 2010

Date un “Chance”





Rainer Tuñón C.

Algo bueno sigue pasando en Panamá. Ahora contamos con un producto de exportación que ya pasó la prueba del gran público de las salas acostumbrados a ver lo que Hollywood enchumba.

“Chanche”, es la primera apuesta válida de un filme panameño presentado como producto comercial cinematográfico para Latinoamérica y aquellos mercados que observan con cierta curiosidad que cosas interesantes están sucediendo en el istmo.

Para los escépticos, la opera prima del panameño Abner Benaím está logrando un inusitado éxito popular con una fórmula muy sencilla: una historia llena de clisés, pero ensalzada con buenos diálogos y un adecuado manejo de los tiempos de la comedia simple con algunos tintes dramáticos, además de contar, como tremendo valor agregado, con profesionales invitados que van desde el actor cubano Francisco Gattorno, de “Fresa y Chocolate”), la escritora actriz colombiana Isabella Santodomingo, famosa por su libro “Los caballeros las prefieren brutas”, la actriz colombiana de teatro Aida Morales, de la telenovela “Marido a sueldo”, hasta la unión de técnicos del cine comercial mexicano como el director de fotografía de “Satanás”, Mauricio Vidal, el editor de “Kilómetro 31”, Alberto del Toro y el director de arte de “Matando Cabos”, Carlos Laguna.

En el filme, los personajes centrales son dos empleadas domésticas que trabajan para la familia de un caricaturesco líder político, quienes deciden vengarse de sus patrones ante una serie de vejaciones laborales, emocionales y sicológicas.

Las medidas extremas son tomadas por estas mujeres desesperadas que buscan recuperar el pago completo por sus servicios profesionales retrasados, incluyendo primas, décimo tercer mes, cesantías y vacaciones acumuladas y por supuesto, su dignidad.

Como filme de género, “Chance” arranca carcajadas de la audiencia gracias a la visión de su director y guionista que, junto al equipo de actores panameños e internacionales, se convierten en una interesante mezcla de profesionales con ganas legítimas de divertir y hacen llevaderos todos los lugares comunes que guarda el filme.

Si bien el manejo del sonido, la selección de locaciones y la edición estándar son aspectos a destacar en la película, es la dupla de Morales y, en especial, la señora Rosa Lorenzo quien encarna a Toña, la nos permite disfrutar en su totalidad del filme, por dejarnos en el ambiente oscuro de la sala ese caló panameño que tanto nos resulta divertido escuchar por ahí, mientras seguimos a los personajes desarrollando su improvisado plan por conseguir la paga de más de tres quincenas.

Sin profundizar en sus desaciertos (que los tiene) y potenciando mejor sus virtudes, “Chance” pega fuerte en su intención hacer pasar un rato agradable con una comedia ligera respetando a la audiencia sin propasarse en ningún momento en aquello de satisfacer el ego de quienes patrocinan el proyecto.

Si este filme de Benaím abre la puerta a una nueva escuela de cineastas que apuestan por conquistar el mercado regional, por favor, compremos lotería y repartamos el “chance” para que ganemos todos.

Eso sí, el mensaje al final es para que la empresa privada abra los ojos y entienda que la inversión en cultura logra beneficios importantes tanto para sus cajas registradoras como para la sociedad cuando el producto es bueno y cuenta además con el calor panameño.

¡Hey!, no se trata de “apoyar al producto nacional”. Se trata de que creamos realmente que los panameños hacemos las cosas con calidad y corazón y las hacemos “¡de agencia, frenn...!”.

martes, 1 de diciembre de 2009

Todos Vuelven... también Rubén

Rainer Tuñón C.



Considerado como uno de los retornos a la industria musical más exitosos de los últimos años, Rubén Blades cumplió cuando dijo que venía a recuperar su espacio. En el camino se encontró con un poderoso aliado: Internet como, “la única manera de difundir el arte entre los músicos”.




Culminado su periodo como uno de los arquitectos de la propuesta turística en Panamá, actualizó su página web, posicionó en YouTube su “Show de Rubén Blades” (SDRB), grabó “Cantares del Subdesarrollo”, una producción que se nutre de las raíces cubanas, con el respectivo aporte newyorkino, panameño y puertorriqueño; mete alma, vida y corazón a un tema con Calle 13, el grupo más pegado de fusión y reggaetón; anuncia que participará en un tema divertido con Alek Syntek y abriendo el camino con fuerza, arranca con una gira apoteósica con sus viejos compinches de Son del Solar (AKA Seis del Solar) y de paso acompaña a Calle 13 en la conquista del Grammy Latino con un video musical sencillo y con un poderoso mensaje de unión entre los barrios de mi pobre gente pobre de toda América Latina.



Rubén regresa a Panamá con su gira Todos Vuelven y retoma su carrera en el cine con su aparición número 37, dirigido en esta ocasión por Víctor Nuñez, cineasta independiente que hizo dos pequeñas joyas tituladas “Ruby in Paradise” y “Ulee’s Gold”, que permitió a Peter Fonda una nominación al Oscar.



En este modesto, pero importante regreso al cine, Blades comparte con el joven actor mexicano Kuno Becker (“Gol”) y el veterano Miguel Sandoval (el fiscal de la serie “Medium”) en el filme “Spoken Word”, que desde su estreno en el festival de cine Latino en Nueva York, ha tenido una participación activa, aunque limitada dentro de los Estados Unidos, haciendo escala en los festivales de Los Ángeles y Denver.



En la cinta, un poeta (Becker) regresa a Nuevo México para estar con su moribundo padre, sólo para encontrar que ha perdido “su voz” mientras retorna a la vida disfuncional de violencia y drogas que había dejado atrás.



Otro proyecto cinematográfico que está pendiente de fecha de estreno es un pequeño filme en el que actúa junto con El General, y que se denomina “Grandpa” (El abuelo).



El espacio que dejó Rubén en los últimos años lo está recuperado. En Google, por ejemplo, hay mucha actividad sobre el artista y sus puntuales apariciones en los Billboard Latinos y en los Grammy Latino han puesto en las marquesinas el legado de un auténtico luchador. Por cierto, hasta en la radio suenan algunos temas de discos que “no pegaron” y que en la actualidad tienen un sonido con el que la juventud se está identificando.



El ejemplo más claro lo pone el tema “Sicarios”, del disco Tiempos.

Si sus años en el gobierno lo estaban destinando a ser recordado como un cantante de salsa cuyos temas legendarios se descargan gratuitamente por ahí, su exitoso regreso a los escenarios y sus proyectos en el cine lo ponen como un claro ejemplo de que la tecnología puede ser el mejor aliado de un artista único e irrepetible.



Así, y como él mismo ha dicho en medios internacionales: "… vengo a ocupar mi espacio, un espacio que nadie me estuvo guardando", lo está haciendo de una manera ordenada, planificada y evidenciando demoledores resultados.

lunes, 23 de noviembre de 2009

El buen comer en el cine

Rainer Tuñón C.

La gastronomía es una vertiente del conocimiento que se zambulle en la cercana relación entre el hombre, su entorno y lo que come. Sin ánimos de teorizar al respecto, el cine aporta una sazón muy especial al buen comer en la medida en que las películas que le rinden tributo a esta ciencia motivan al espectador rápidamente a pensar más allá del filme y lo obligan a degustar un inolvidable platillo.

Un caso digno de mencionar lo vimos esta semana con Julie & Julia, comedia romántica norteamericana dirigida por Nora Ephron (“Sintonía de amor” y “Tienes un correo”), en donde la directora se basa en dos historias reales de mujeres que se entregan a la cocina y construye una deliciosa receta cuyo ingrediente esencial es Merryl Streep, caracterizando a la mítica Julia Child, posiblemente mujer más influyente en el mundo de la gastronomía norteamericana, incluso parodiada con gracia y maestría por Dan Aykroyd en Saturday Night Live.

En el filme, contado en dos momentos históricos distintos, Julie Powell (Amy Adams), es una escritora que siente que ha fracasado y para levantar su estima decide abrir un blog y preparar el recetario famoso del libro “Dominando el Arte de la Cocina Francesa”, el clásico de Child para aprender los golpes de su maestra.

En paralelo, vemos a una Julia Child abriéndose paso entre los aspirantes a chef franceses hasta lograr convertirse en un referente norteamericano que desmitificaría la cocina gala.

Lo mejor del filme, la narración de la historia de Julia Child. Streep, como era de esperarse, se convierte en la verdadera razón por la cual esta película fluye y te lleva a disfrutar de un extraordinario bocadillo al finalizar el filme.

Lo malo, aunque larga y tediosa, las caracterizaciones masculinas se quedan rezagadas a propósito de dotar de fuerza al reparto estelar.

Julie & Julia entra rápidamente en la lista de películas con sabor a cocina de una colección muy especial, junto con:



El Festín de Babette (1987), de Gabriel Axel. Ambientada en el siglo XIX. Un premio le permite organizar a Babette tremenda cena con los platillos y vinos de la mejor gastronomía francesa para sus puritanos vecinos quienes prefieren no demostrar lo rico del ágape porque sería pecado; sin embargo sucumben ante la magia de la buena cocina.



Comer, beber y amar (1994), de Ang Lee. El maestro Chu (Si Hung Lung), semiretirado, viudo y con tres hijas; se debate entre la tradición familiar y la presencia de la modernidad en la sociedad taiwanesa. Como heredero de cientos de años de conocimientos en esta disciplina, ve cómo la comida rápida y los cambios en los valores familiares van cambiando las tradiciones. Lo extraordinario, la forma cómo Lee en tono de comedia ligera no empalaga y ofrece un banquete con carga dramática, diálogos de altura. La comunidad latina hizo su remake con Héctor Elizondro titulada Tortilla Soup, pero la versión de Ang Lee es superior.



Tampopo (1985), de Juzo Itami. Tsutomu Yamazaki y Ken Watanabe entran a un restaurant de fideos ramen e introducen a Tampopo en el “delicado arte de realización de la sopa de fideos", no sin antes enfrentarse a miembros de la yakuza. En el filme de Itami, los gustos orientales y occidentales se comparan, y en la narración se destacan viñetas gastronómicas que introducen al espectador en el mundo de la cocina japonesa.



El cocinero, el ladrón, su esposa y su amante (1989), de Peter Greenaway. El chef francés (Richard Bohringer), trabaja para Spica, un maleantazo que se la pasa humillando a su esposa (Helen Mirren), quien a su vez es la amante de un cliente del restaurante (Alan Howard). Ellos se aman en la cocina del lugar con la complicidad del chef, pero cuando la infidelidad sale a flote, la venganza de Sipca es el comienzo del verdadero banquete preparado por la vengativa esposa.



Soul Food (1997), de George Tillman III. La gastronomía estadounidense tradicional de los afroamericanos del sur de Estados Unidos es definida como Soul Food. En esta pequeña joya, Mamá Joe reúne a sus tres hijas adultas y prepara suculentas comidas, a pesar de las rencillas entre ellas.



Ratatouille (2007), de Brad Bird. Un plato vegetariano en el cual sofreímos en aceite de oliva algunas hortalizas desde el gusto y mano de Rémy, una rata con un exquisito gusto y sentido del olfato. La rata se enamora del mundo culinario y transmite esa sensación ante un público que aplaude lo original del relato y lo impresionante de las delicias que el roedor entrega en las mesas de los franceses.



Big Night (1996), de Stanley Tucci. Los hermanos Primo, Cristiano y Segundo abren un restaurante Italiano en la década de los 50. La idea es abrir el local con una gran cena invitando a un cantante famoso que nunca llega. Interesante incluso porque incluyen en el elenco al salsero Marc Anthony.



La bella Martha (2000), de Sandra Nettelbeck. Filme alemán sobre la introvertida, egoísta y esquiva chef Martha (Martina Gedeck), cuya vida da un giro cuando su hermana fallece y debe quedarse custodiando a su sobrina de ocho años. Agregar que a su vida llega además un cocinero italiano destinado a ayudarla. Si bien este filme es muy superior a la versión norteamericana, Sin Reservas, la gente seguramente recuerda a Catherine Zeta-Jones cocinando con gusto, clase y estilo.



Como agua para chocolate (1992), de Alfonso Arau. El cine mexicano no es el mismo si no se menciona este título entre los clásicos. Se trata de una épica de amor y buen comer en el México de principios del siglo veinte. Tita y Pedro se aman pero su amor se trunca cuando mamá Elena decida que Tita la cuide, por ser la hija menor. En toda la trama, extraordinarios platillos que hacen que el amor perdure entre el tiempo y la sazón.

  La Gran Comilona (1973), de Marco Ferreri. Un banquete por excelencia que contaba con los mejores actores europeos en una auténtica orgía de muerte, sexo y comida, entre ellos Phillipe Noiret, Marcelo Mastroianni, Michel Piccoli y Hugo Tognazzi. La historia sigue a cuatro amigos que buscan matarse de gula, no sin antes invitar a la lujuria que se mezcla con el caviar, los quesos, el vino y el jamoncito.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Gloria a un cine sin gloria


Rainer Tuñón Cantillo

En la actualidad, las películas sobre la Segunda Guerra Mundial no despiertan mucha simpatía ante las grandes audiencias, pues la industria sigue orientando hacia otras latitudes de la violenta historia de la humanidad y las particularidades de nuestra vida cotidiana; no obstante, cuando un director como Quentin Tarantino decide echarle una visita a este género casi olvidado, nos encontramos ante la obra de un autor que pesa más por la riqueza de técnica, estilo y amor al cine que por la simple narración de un relato bélico más.

Lo anterior se refleja primero al seleccionar como proyecto cinematográfico, una revisión al cine B italiano post espagueti western con el filme “Quel maldetto tren blindato”, re titulada con gran tino como “Bastardos sin gloria”, con Bo Svenson y Fred Williamsnon, dirigida en 1977 por Enzo Castellari, aquel artífice de los “Guerreros del Bronx” que veíamos en los desaparecidos cines “Roxy” y “Amador” en las tardes de algunos días de semana.

Si bien, el proyecto “Bastardos sin gloria” de Tarantino, supone un tributo a este pequeño filme de Castellari en el cual un grupo de renegados debe asaltar un tren blindado alemán fuertemente custodiado, con el objetivo de robar el giroscopo de un cohete, tomando como referente inmediato el clásico de Robert Aldrich “Los 12 del patíbulo”, Tarantino da el giro esperado al convertir este mínimo homenaje al cine de bajo presupuesto en una joya que pone en valor el estatus del cine como un extraordinario medio masivo de comunicación consciente de la intención, la persuasión y el resultado emocional ante la vista del espectador. Y en qué mejor momento para contarlo, con un drama violento de guerra, que toma elementos de ficción y realidad y se permite las conocidas licencias del cine habitual de Quentin.

Sólo por mencionar referentes importantes en este filme: Josef Goebbels, Leni Riefenstahl y Georg Wilhelm Pabst ocupan líneas importantes de diálogos, así como la reflexión sobre el dominio judío en la industria del cine norteamericano con la supremacía del magnate del entretenimiento Louis B. Mayer.

La historia poco gloriosa
En la Francia ocupada por los Nazi, un octeto variopinto de violentos soldados norteamericanos judíos liderados por un teniente de tradición apache, muy apasionado al escalpar y tallar a los militares alemanes que dejan escapar una esvástica en la frente para que “no sean olvidados”, llamado Aldo Raine (Brad Pitt), se reúne con un sicópata militar alemán y forman el comando élite que persigue a los nazis hasta darles la muerte que se merecen.


En paralelo, conocemos Shoshanna (Mélanie Laurent), la única sobreviviente al asesinato de su familia en manos del Coronel Hans Landa (Christopher Waltz), quien años más tarde logra crear una nueva identidad como operadora y propietaria de un cine, pero se convierte en el objeto del deseo de un mítico héroe alemán, el soldado Zoller (Daniel Brühl), a quien Goebbels le propone convertir su hazaña en un filme de propaganda de primera escala.

La historia entre estos personajes se conecta cuando el escuadrón del teniente se une a la actriz y agente secreta Bridget von Hammersmark (Diane Kruger) en una misión que fulminará a los líderes del Tercer Reich y que tendrá como escenario definitivo la sala de cine de la bella judía perseguida por Landa, sitio propuesto por Zoller para el estreno mundial de ese clásico del cine alemán.

¿Bastarda sin gloria?
Como filme de guerra, por tratarse de ficción “Bastardos sin Gloria” no resiste el rigor histórico; sin embargo, a la hora de disfrutarlo como una experiencia Tarantino, podemos decir que le es fiel a su estilo tanto narrativo como de dirección y supone el momento de madurez de un autor inusual e irrepetible que ama al séptimo arte.


Por cierto, se piensa que este filme es el trabajo más completo del director y al mismo tiempo sus detractores manifiestan que es lo peor que ha hecho a la fecha. Independientemente de las críticas, es posible que hasta el mismo Tarantino crea que es el producto mejor concebido, si nos detenemos por ejemplo en la escena en la cual Hitler le comenta a Goebbels en el estreno de la película: -“es tu mejor cinta”- y al final del filme el teniente Aldo Raines (Pitt) termina de tallarle en la frente de Landa la esvástica y su compañero le dice “es tu obra maestra”.

De momento, estamos ante una obra importante que debe ser vista por quienes entienden la importancia de comunicar y además disfruten el buen cine B llevado a la gloria.

La cotidiana paranoia suburbana


Rainer Tuñón C.

Cuando la percepción de la violencia lleva a determinados grupos a vivir alejados de las balas perdidas y el desastre generado por la elevada criminalidad, surgen soluciones que en principio garantizan ciertos niveles de seguridad, y en su defecto se van activando programas que intentan crear una cultura de seguridad ciudadana, promoviendo la convivencia pacífica en las comunidades para que haya integración de los residentes en beneficio del orden ciudadano.


Hace algunos días, revisando las cifras del Informe sobre Desarrollo Humano para América Central cuyo enfoque va en la línea de seguridad ciudadana y luego de una visita sorpresa al videoclub, me llamó la atención un título mexicano llamado “La Zona” (por cierto, lo presentaron hace unos días en una muestra de cine reciente en ciudad de Panamá), que narra en tono de “thriller”, la exageración de las acciones de seguridad ciudadana, al margen absoluto de la ley.


En este filme mexicano, dirigido por el uruguayo Rodrigo Plá, unos muchachos cruzan la muralla que divide un barrio pobre del exclusivo residencial: “La Zona”, en una noche lluviosa, con intenciones de robar.


Dos de ellos mueren y uno se esconde en una casa, pero el hijo de uno de los “zonianos” lo encuentra oculto en la residencia; mientras, los miembros de la Junta Directiva del grupo que administra los intereses de la barriada aboga por “eliminar” el problema, no contarle a la policía y ocultar todos las evidencias posibles, por el bien de la comunidad.


Como los dueños de las casas del residencial tienen un sofisticado sistema de vigilancia perimetral y guardan alguna “relación” con la policía, se logra pausar al brazo de la ley, sin embargo un agente de policial, molesto por la situación de privilegios de estos supra ciudadanos, decide investigar hasta dar con el paradero de los muchachos que se metieron en La Zona.


De esta manera, la comodidad y la seguridad del modelo sub urbano es una fachada de la línea amoral e inescrupulosa de un sector de la sociedad que utiliza la paranoia cotidiana para ofrecer como respuesta de seguridad, la aplicación de medidas que se pasan de la línea de lo legal, por aquello de conservar la paz y armonía.



Cuando los vecinos atacan…

En el cine norteamericano vimos un ejemplo de la mano de M. Night Shyamalan (“El sexto sentido) cuando nos introduce en “La Aldea”, una cinta que nos transporta hacia una comunidad que vive en el siglo XIX dentro de un bosque, que vive ligeramente atemorizada por unos seres denominados los “innombrables”, y para prevención y vigilancia, construían torres de vigilancia y colocaban banderas amarillas alrededor de la aldea, alegando que el color amarillo los protegía.


Al final conocimos una realidad social llevada a la hipérbole, pero con un valor de reflexión muy puntual, sobre todo por la realidad tan violenta que tenemos.
Claro está, las acciones de los vecinos también se han visto reflejadas en otros géneros, siendo “La jauría humana”, de Arthur Penn, el ejemplo mejor estudiado, pues en esta cinta se analiza el posible linchamiento de un hombre que se ha escapado de un penal y vuelve a su localidad sólo para darse cuenta que sus convecinos se dedicarán a cazarlo.


Y qué decir del mito de Rambo, en donde las autoridades se dedican cazar al veterano de Vietnam por vagabundear y resistirse a una acción de arresto; o del residencial de policías corruptos que hacen todo lo que esté al margen de la ley para proteger el vecindario, visto desde el ángulo eficaz de James Mangold en “Tierra de Policías” (por cierto, ambas son protagonizadas por Sylvester Stallone).


Posiblemente, una de las más irónicas y graciosas miradas a la paranoia sub urbana la imprime Joe Dante (“Gremlins”) cuando recrea las vivencias de los residentes de un típico barrio gringo de clase media-alta, cuando los “vecinos vigilantes” empiezan a sospechar de los Klopek, recién mudados elementos que nunca salen de casa y que en el sótano ocurren cosas extrañas.


En el caso de “La Zona”, más allá de llevarnos a la realidad de las marcadas divisiones de clase evidentes en el filme, lo interesante del filme lo aporta una reflexión latente sobre la seguridad y las medidas que adoptamos como ciudadanos, que al calor de los eventos violentos, podemos convertirnos en seres que actúan de manera irracional, y peor aún, al margen de la ley.

El Monstruo Leñador, asesino de sicópatas

Rainer Tuñón C. La navegación sin rumbo fijo entre títulos del catálogo de Netflix nos lleva a encontrarnos con inusitadas curiosidades. Apa...