jueves, 25 de octubre de 2018

Una noche con Rubén Blades, el disco

Rainer Tuñón C. Hace pocas semanas, tres buenos amigos -y hombres comprometidos con nuestra cultura-, el laureado escritor José Carr, el respetado sociólogo cultural Alonso Ramos y el reconocido cantante y gestor cultural Henry Gorgona, me invitaron a compartir con ellos algunos en el Teatro Gladys Vidal del Municipio de Panamá, datos de la vida y obra de Rubén Blades, un cantautor y ciudadano del mundo que está en el ADN de muchas generaciones, como generosamente me lo hizo entender el colega Carlos Somoza, y en aquel momento reflexionamos sobre la importancia histórica de su aporte en tantos géneros, donde no necesariamente la salsa sería su voz principal, pero hizo historia a través de ella bajo sus propios términos (Canciones del solar de los aburridos, Buscando América, Mundo, Siembra, Escenas y Tiempos son mis favoritos). Comentaba que el Sr. Blades tenía una cercanía muy natural con el catálogo musical norteamericano en donde el swing, el jazz y el rock and roll estaban entre sus memorias de juventud, así como la cubanía misma en su legado familiar. Hace 4 años, Jazz at the Lincoln Center Orchestra, y su líder, el mítico Wynton Marsalis, le invitan a revisar su discografía para una serie de conciertos, cita que le abrió la puerta para mostrarnos una joya musical muy cercana a su corazón. El resultado es soberbio y cuenta con el cariño de la gente que creció con su música y ama todo lo que el maestro Blades ha aportado a la música. De igual forma, es una ventana para ver las maduras texturas de un cantante que se siente cómodo interpretando clásicos de Cole Porter, Jerry Bock, Truman Capote, George e Ira Gershwin, Edy Cooley y John Davenport, incluso compartiendo para nosotros dúos familiares junto con Luba Mason, su esposa. Los arreglos musicales del bajista Carlos Henriquez hacen de este disco, "Una noche con Rubén Blades", una experiencia única en donde la salsa baila y guapea con swing sabroso. El mejor ejemplo estaría en la revisión de Ban Ban Quere, pieza de Ray Barreto que supone un antes y un después en la carrera de Blades, pero cuando visitamos los temas de Rubén, el círculo se cierra con un toque absoluto de magia pura. Al final, la nota más alta y una experiencia que te roba el alma. Hermoso disco de principio a fin.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Sin filtros, "remakes"... ni pepitas en la lengua



Rainer Tuñón C.

Existe una nueva tendencia en el cine. “Es tan dos mil y pico…” Películas latinas con más "remakes" en el mundo. Este ejercicio parecer ser muy bueno y lucrativo para sus creadores, porque de una forma muy particular se logra contar una misma historia y se le agrega la idiosincrasia, calorcito y estereotipos particulares de cada mercado, pero también juega en contra del producto en sí por tratar de contar -en esencia- el mismo relato, con distintos acentos, sin que se aporte nada diferenciador, y peor aún, cuando la fuente no precisamente es una gran película.

En el 2005 vimos la tragicomedia argentina “Elsa y Fred”, de Marcos Canevalle, descrita como un romance otoñal y luego fue llevada al cine anglosajón por el realizador Michael Radford (“El cartero”), con Christopher Plummer y Shirley McLane, para luego darse su viaje por Bollywood.

Ocho años después, el mismo director sacude a Latinoamérica con otra comedia romántica, esta vez bajo la premisa de un amor entre un cálido y emprendedor hombre de 1.36 metros que le mueve el piso a una abogada divorciada que debe luchar contra ciertos prejuicios sociales a causa de la estatura de su “Romeo”. La química entre Guillermo Francella y Julieta Díaz hizo que se convirtiera el filme en superar la barrera del millón de espectadores en Argentina.

Tal fue la locura mediática que otros mercados se sumaron a darle su toque personal al mismo proyecto, esta vez desde Colombia y Francia, protagonizada por Jean Dujardin, el ganador del Oscar por “El Artista”.  

El turno le tocó luego a Chile con Nicolás López y una comedia sobre empoderamiento femenino titulada “Sin Filtro”, sobre una estresada profesional de 37 años de edad que descubre que puede mandar “las cosas a la m….” y liberarse de un dolor en el pecho que prácticamente la estaba matando, sólo por dejarse de todos los que de alguna forma u otra intervenían en su vida.

Este filme es como un una mezcla de “Falling Down”, de Joel Shumacher, con “Mentiroso, Mentiroso”, de Tom Shadyac; alguito de “God Bless America”, de Bobcat Goldwaith, con las atorrantes anécotas cotidianas que a diario vemos en los memes y videos de nuestra América unida, aunque a su protagonista como que le faltó un poco de la Frances Mcdormand de “Tres anuncios por un crimen”.

El guión de la chilena “Sin filtro” ha sido tan especial que España, con Santiago Segura (“Torrente, el brazo tonto de la ley”), dirige su versión con una extraordinaria Maribel Verdú; Argentina, con Natalia Oreiro, y su “Re loca”; México con Fernanda Castillo, los estadounidenses la tendrán con Eva Longoria y Panamá, la botó con una protagonista excepcional, Ash Olivera, y un título muy a lo nuestro: “Sin pepitas en la lengua”.



El resultado de esta tendencia es poder elegir como audiencia qué te gustó de todas las versiones, porque por alguna parte se puede encontrar para hacer la inevitable comparación. Sería un típico ejercicio de “benchmark” (es tan 2004), pero lo cierto es que la dirección trepidante de Segura supera a las otras versiones; las mejores actuaciones de su protagonista son las de Verdú (versión de España), Olivera (la panameña) y  Oreiro (en el filme de Argentina), aunque todas se destacan por ese enfado que no es por "estar en esos días".

Asimismo, agrada sentir que por el ritmo de edición y musicalización, la versión panameña gusta más y definitivamente la propuesta mexicana se distingue por su post producción “marketinera”, “tan 2018”.

El tono más gracioso y social, de pronto lo aporta la versión original, porque por ejemplo, la panameña abusa de tontos clisés para intentar complacer a la audiencia local y la convierte en un pastiche de chistes sexistas que provocan mayor reflexión en momentos en que los panameños buscan retomar campañas de buenos valores, y los enfrentas al irrespeto a personajes cuya referencia sexual se cuestiona en la actualidad; además de misoginia desmedida, abuso verbal hacia la mujer (la forma expresar “apaga esa mierda” funciona con cierta gracia en la versión chilena, mientras que en la local pareciera un comentario más de un macho de m…), lo que nos deja pensando si el humor panameño es “yeyé”, “raka”, “de pueblo” con sabor a obrero de construcción o “wannabe”, pero sin mayor gusto o sensibilidad por la buena comedia.

Ojo: No me opongo ni a los desnudos (si en algo aportan a la trama), las referencias gráficas sexuales, los estereotipos que enfatizan lo "amanerado" o las palabras sucias de cortesía, sino a la forma cómo integras esos elementos en la historia para “hacerte el gracioso”. De hecho, fíjense que en la versión panameña funciona mejor la escena de “picth de cuenta” en la agencia NOW donde participan el artista Jonathan Harker, la presentadora Estefi Varela, la diseñadora Eva Mondehard y el periodista y blogger Mauricio Herrerabarría... “es tan de cine panameño del bueno”.

Ahora que el experimento se hizo y creemos que fue positivo, sería interesante ver en el futuro una versión panameña de “Matando Cabos”, la chispeante comedia mexicana de Alejandro Lozano; “Nueve Reinas”, la pieza de colección argentina de Fabián Bielinsky; una versión de la sórdida “Tropa de élite 2”, de José Padilha; “The Hangover”, de Todd Phillips o “The Raid”, de Gareth Edwards, que por lo que estamos viendo en cine local, sí se puede y lo estamos apoyando, aún en su última semana.   

Por lo demás, al público no le importa si la "peli" original no es muy buena (no hay mucho qué elogiar sobre sus remakes, sin importar el país que la produzca), salvo que en nuestro caso es muy digno de aplausos el esfuerzo técnico y del elenco compuesto por Miroslava Morales, Diego de Obaldía, el siempre efectivo Randy Domínguez, Camila Aybar y Sara Faretra, pero sin duda lo que más me agradó es cómo la música popular panameña (Rabanes, Kafú Banton) fluye entre imágenes y situaciones bien conectadas por sus directores Juan Carlos y Carlos García de Paredes, reiterando que Ash es la luz que brilla en este filme, y tiene talento para estar en más y mejores producciones. 

Está más claro: el cine panameño sigue ascendiendo. Ya tenemos público que respalda, ahora falta afinar en las historias para estar en el lugar que nos merecemos.


                                  Ash Olivera y Randy Dominguez en una escena del filme.

viernes, 10 de noviembre de 2017

“Cincuenta”: Conexiones asombrosas con Los Beachers


Rainer Tuñón Cantillo

Los picantes sonidos de la música afro panameña se están redescubriendo para nuevas generaciones, y la legendaria agrupación bocatoreña “The Beachers”, que sigue celebrando en grande sus 50 años de trayectoria artística, está preparada para seguir la batalla colocándose entre los grandes exponentes de esta inquietante música con calidad de exportación.

Para muestra, tan sólo un botón. El tema "África Caliente", descrito por el maestro de la radiodifusión panameña, Roosevelt De Ycaza, como una explosión musical que combinaba lo latino, lo autóctono, el calipso, el soca, el soul, los ritmos caribeños y lo anglosajón, superó las ventas locales con más de 10 mil copias de acetato desatando la alegría, tanto en las salas de bailes como en la sala de los hogares.

“Esta melodía era tan sólo una pequeña probadita de lo que The Beachers tenía en su repertorio”, comentaba Roosevelt mientras entrevistaba en la cabina de una radioemisora local a Billy Herron, productor musical de la banda, pero también Vice Presidente de la Fundación Danilo Pérez que, como un puñado de jóvenes músicos, se ha encontrado con esta sonoridad tan panameña y sabrosa como la carimañola.

Lloyd Gallimore, uno de los fundadores de esta agrupación, cuenta que el sonido de “The Beachers” es sin duda, característico de la época de los Combos Nacionales, con la particularidad integrar al órgano como instrumento líder.

“Eso hizo una variación muy especial e identificó a The Beachers desde entones”, compartía Lloyd.

El inicio de The Beachers fue muy revelador, destacan comentaristas radiales consultados por Portada para dar contexto en el origen de esta extraordinaria alineación proveniente de Bocas del Toro.


Corrían los tiempos de “La Universal de Mojica”, “Los Salvajes del Ritmo”, “Chilo Pitty”, “Dorindo Cárdenas”, “Meñique” Barcasnegras, Beto Ovalle, Yin Carrizo, Tito Contreras, “La orquesta de Raúl Ortiz”, “Teresín Jaén”, “Ceferino Nieto”, y por supuesto “Bush y sus magníficos”, rescataba el melómano y coleccionista Mario García Hudson.

Si bien, la agrupación era originaria de la provincia y nació en 1967, todo apuntaba a que sus miembros estaban destinados a imponer un elemento diferenciador de aquella moda al reunir a músicos en un formato de orquesta de unos nueve integrantes para mezclar influencias de la música típica popular, con el calipso, el soul, la salsa, los ritmos cubanos y rock & roll, para convertir la música de “Combos Nacionales” (con reminiscencias muy marcadas a través del trabajo de artistas como “El Gran Combo” de Puerto Rico, así como lo que estaba de moda por la Motown Records, con algo de la propuesta de Carlos y Jorge Santana, sólo por mencionar algunos grandes), en un paradigma musical que reinó por más de una década en Panamá, y que aún se mantiene en el recuerdo de generaciones que disfrutaron sus temas, así en presentaciones, a través de la venta de sus discos y definitivamente en los espacios de fiesta comunitaria conocidos como “Night a Fun”. 

Dennis de Ycaza, co fundador de la agencia “Independiente”, y uno de los creativos que acompaña a la banda para documentar su historia en una pieza documental sobre estas leyendas de la música panameña, manifestaba, durante las sesiones de filmación de este documento histórico, que hay mucho que contar sobre los orígenes y evolución de los bocatoreños, que además, son recordados por conservar el sonido del calipso, pues The Beachers y el mítico Lord Cobra, compartían esa pasión por la buena música, a tal punto que lograron encontrarse en producciones musicales que quedan registradas en la historia. 

De esta manera, agrega Herron, desde su estudio de grabación, conocido como “Folk Lab”, mientras trabajaba en algunos detalles del disco, destacaba que nuevas generaciones se han encontrado con el maravilloso calipso y el aporte de los Combos Nacionales.

Asimismo, el sonido de la época se ha metido en el ADN de estos jóvenes gracias al contagioso “feeling” de The Beachers, a tal punto que ya se está terminando con la producción de un disco nuevo para esta mítica banda local, titulado “Cincuenta”, que incluye colaboraciones del cantante Alfredito Payne, el salsero Camilo Azuquita, Emilio Regueira, líder de Los Rabanes, la agrupación de reggae “roots” Pureza Natural, el artista del género urbano, Latin Fresh y Sammy Sandoval, una de las más destacadas estrellas de la música típica popular de las últimas décadas. 

Compromisos y divinas conexiones

El panorama musical en Bocas del Toro tenía como características fundamentales las notas de un buen calipso, pero también algo de la música de “The Beach Boys”, un referente del pop rock estadounidense, muy de moda en los años sesenta, con mucha influencia de lo cubano. Así, un grupo de inquietos muchachos, entre ellos el cantante Cecilio “Chino”; Williams, el percusionista Feliciano “Larry”; Earlington y Lloyd Gallimore, en el piano, se integran para crear la Orquesta Blackstar, sin embargo, una participación para la Iglesia Episcopal de Bocas del Toro, a petición del padre Josiah, provocó que algunos músicos tomaran otro rumbo para cumplir con la conexión divina y nacen “The Beach Boys”, cuyo nombre cambio a “The Beachers”, para evitar llamarse como el grupo norteamericano, agregando al baterista Guillermo Francis, Cardial Earlington para los coros y Frank "Buggy" Sergeant en el bajo.

Amigos y conocidos de estos músicos contaban, por ejemplo, que ellos llegaron a cargar un viejo y pesadísimo piano, pidieron prestado otros instrumentos, y como “The Beach Boys” se presentaron para no defraudar el encargo del padre, y como producto de aquella atinada informalidad, la noticia corrió por el pueblo, tanto así que grupos como “Los Ases del ritmo” iban entendiendo que ya había más competencia en las fiestas bocatoreñas.

Poco a poco, la gente de Chiriquí Land Company fue patrocinando este gran esfuerzo de los jóvenes artistas y ellos dedicaron más tiempo a producir y complementarse como agrupación. En esos días, se ganaban menos de cincuenta balboas, pero se repartían entre todos los miembros de la banda, comentaban sus miembros fundadores.

¿Y cómo se hicieron más famosos?

El maestro periodista, cantante y productor musical Pete Romero tuvo mucho que ver en ello, luego que quedara impresionado por una presentación en la Feria del Mar en Isla Colón y de inmediato los conectó con los Estudios Loyola, casa disquera de los lores del Calipso, Los Papacitos, Los Caballeros de Colón, Miguel Fernández, Los Superiores, Popo Valderrama, entre otros.

De Ycaza, nos aporta además, que Santiago García, representante de Loyola Records, fue quien los puso la magia en vinil con el éxito “Honey”. “Esos eran los días en que emisoras como RPC Radio en Amplitud Modulada (AM), se convertían en la casa de estos exitosos artistas emergentes”, comentaban otros comentaristas radiofónicos consultados por Portada.

En tanto, Gallimore recordaba que el primer “discjockey” (Dj) que difundió la música de The Beachers fue otro gran maestro de la comunicación social, Don René Rizcalla.

Un éxito tras otro permitió que todo Panamá se deleitara con algo que era reconocido como música de combos nacionales, pero con un toque distinto, el de The Beachers y de pronto se lanza el super hit “África Caliente”, que los catapultó hacia la conquista internacional.

Ya para esos días era fácil identificar ese sonido picante, destaca De Ycaza. Así, la gente pedía temas del calibre de “The walk back” o “One more chance”.

¿Qué otros talentos han pasado por esta escuela musical? Gente ten importante como Sam William, Gene Chambers y Alberto Salazar, así como Raúl Jarvis, Víctor Wright, José Archer, Hiram Arjona y Ernesto Belgrave, sólo por mencionar unos cuantos.

Luego de “África Caliente”, con la disquera continuaron grabando “Beachers en Estéreo”, “Cándida” y “Julia”, y también se dieron oportunidades de presentarse en Centro América, México y otros mercados que pedían conocer esta música panameña.

En la década de los setenta se dieron cambios fundamentales en The Beachers con el fallecimiento de “Buggy” Seargent, la salida de Gene Chambers por un llamado del maestro merenguero, el dominicano Wilfrido Vargas, la oportunidad de “Chino” Williams de ser solista, y definitivamente la crisis musical que supuso la llegada de los equipos “3 en 1” y las discotecas móviles como una nueva forma de disfrutar de varios géneros musicales con costos reducidos. 

Conversando con el escritor Héctor Collado, el poeta recordaba que “Los Mozambiques”, “Los Soul Fantastic” o “Los Panaswing” eran las agrupaciones más populares en cuanto a lo que se denominaba combos nacionales, sin embargo, “The Beachers”, eran punto y aparte, por combinar sabor y alegría en un mosaico de géneros musicales.

Historia para nuevas generaciones

Después de más de una docena de producciones discográficas, más de 25 sencillos y convertirse en el referente obligado de la diversión por más de medio siglo en Panamá, “The Beachers” siguen dando el siguiente paso: la conquista del mercado joven y las redes sociales, a través de un sonido original que no pasa de moda.

Por ello, Gallimore se siente muy optimista por lo que ocurrirá en el en el 2018, pues esperan una reacción positiva entre sus seguidores y los que no son conocen mucho de la banda, producto del lanzamiento del disco “Cincuenta”, que tendrá en octubre del presente año su fecha de lanzamiento oficial.

“Sabemos que por la variedad del material que trae este disco, del cual nos sentimos muy orgullosos, debemos cubrir prácticamente todas las edades en la República de Panamá”, agrega Don Lloyd, quien es consciente de que se está redescubriendo una industria musical en Panamá que necesita una base sólida inspirada en el calipso y lo bueno de los combos nacionales.

En los bailes, la gente sigue hablando de “The Beachers”. Hace poco, durante un evento ferial, un periodista de televisión entrevistaba a los bailadores sobre la presentación de la banda. Aún hay respuestas.

“Es alegre, sano. La gente se divierte con su música”, comentaban dos complacidas señoras junto con sus parejas en una pista de baile. “Esa pregunta, ni se pregunta, son puro sabor”, reiteraban. Así son “Los Beachers”, así es Panamá.




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