jueves, 16 de julio de 2015

Villanos al ritmo de los minions

Rainer Tuñón C.

Los minions son organismos unicelulares que existen desde la era de los dinosaurios. Su propósito en la vida: servir a un villano, no importa si es de origen humano, animal o robótico.

En el curso de su historia A.G. (antes de Gru), han participado en el ascenso y caída de faraones, vampiros, emperadores, entre otras grandes mentes criminales; sin embargo, el exilio y la falta de amo, provoca un sentido abrumador de aburrimiento y presienten su extinción.

Ello los lleva a escoger liderazgos que permitan salir a buscar formas malvadas a quien seguir, por lo que la vista de la Estatua de la Libertad los conduce hacia la tierra de las oportunidades y a su vez a Scarlett Overkill, una villana para morir.  

La carta de presentación de estas amarillentas “tic tacs” permite a los niños ser parte de la fantasía y la hilaridad desenfrenada, pues los minions son el alma de cualquier fiesta, debacle o algún evento con resultado incierto.

Como protagonistas, no podrán sostener realmente una película de más de hora y media, pero: ¿a quién le importa?

Lo bueno del filme, definitivamente es Pierre Coffin, el genio detrás de estas píldoras amarillas que llegamos a conocer gracias a la serie “Mi villano favorito”. La visión de estos personajes y su dispar comportamiento es un toque fino del buen “slapstick” con sardónica picardía, pero el logro más convincente lo aporta con su capacidad de recrear con técnica esas especiales voces y colocar en la pantalla tantos referentes culturales para mantener motivados a los adultos que siguen las desventuras de estos tiernos y siniestros personajes.

Coffin, además, llega a aclarar que en el universo minion no hay hembras, pues "viendo lo tontos y estúpidos que son a menudo, no podría imaginar a minions hembras", según comenta en notas de producción.

Asimismo, el autor desmitifica, a través de esta película, el origen mismo de ellos, alegando no son seres humanos “minionizados” o que son resultado de clonaciones.

El gran valor del filme recae en la capacidad de mantener un ritmo ameno, bajo la dirección de Coffin y Kyle Balda, sin mayores pretensiones, con una buena partitura musical de Heitor Pereira (ex integrante del Simple Red que se dedicó a componer para películas como “Mi villano favorito” y “Los Pitufos”), que evoca con tino la sonoridad de los años sesenta, y hace tributos a Henry Mancini y Lalo Schifrin; así como el loable trabajo de edición y conceptualización de los gráficos para este proyecto que entretiene.

viernes, 10 de julio de 2015

Panamá y Honduras triunfan en The Victory Awards de Comunicación Política


Rainer Tuñón C.

El éxito detrás las estrategias de comunicación política de Panamá y Honduras se han colocado entre los casos más interesantes vistos durante este último año, de acuerdo al criterio de expertos y analistas políticos, que desde Washington D.C., premiaron las mejores campañas de la región en los Victory Awards, los galardones más prestigiosos de la consultoría política en Estados Unidos e Iberoamérica.

El consultor en comunicación política, Raúl Velázquez, se consagró como un verdadero estratega de las “campañas de ataque”, toda vez que su modelo estratégico “El pueblo primero”, logró ayudar a alcanzar el triunfo de Juan Carlos Varela en las pasadas elecciones de Panamá del 2014; mientras que el equipo de la consultora argentina Datamática, liderados por Julio Pizetti y Héctor Iván Rodríguez, se alzó con el trofeo en la categoría de investigación estratégica por la labor de encuestas realizadas para las elecciones presidenciales de Honduras.

Los Victory Awards (http://victoryawards.us/) reconocen la excelencia en los resultados y el  impacto de las campañas políticas, así como de las publicaciones, blogs y spots relacionados con la política, en la cual blogueros, estrategas de campaña, encuestadores, consultores, investigadores, publicistas, asesores en comunicación estratégica y periodistas del mundo postularon sus aportes y experiencias en las campañas electorales.

Las “campañas de ataque” son dinámicas de comunicación orientadas para brindar al elector los argumentos para no votar por un candidato, basado en hechos ciertos, basados en datos de investigación de mercado, que permiten el diseño de mensajes que buscan que hechos sean conocidos por la masa que depositará el sufragio.

El jurado calificador de los Victory Awards estuvo integrado por 40 profesionales de la profesión política a nivel mundial, quienes evaluaron cada postulación relacionada con elementos de consultoría, tecnología, estrategia, periodismo y elementos de campañas realizadas durante los últimos procesos electorales de la región.   

Así, el premio a la consultoría de imagen política del año fue para el argentino Jorge Gerez y su campaña “Por un Paraná Mais Forte”; entre tanto, el reconocido estratega Dick Morris, recibió el Honorary Victory Award por su trayectoria como asesor de éxito en campañas políticas en el mundo.

Juan Carlos Limón, gestor de las campañas electorales para gobernadores y campaña de candidatos a diputados federales por el PRI en México, ganó en la categoría de campañas gubernamentales; mientras que en la tecnología aplicada a la política, el proyecto argentino, VotaApp de Enrique Borba, se alzó con el triunfo.

Asimismo, los premios a la gerencia de crisis del año y a la pieza comunicacional para medio impreso, recayeron en los expertos JJ Rendón y Luis David Duque por el trabajo realizado en la campaña de Juan Manuel Santos en Colombia.

miércoles, 8 de julio de 2015

El momento “blue”


Rainer Tuñón C.

¿Alguno se dio cuenta de que un trío de mimos azules se tomó las noches de la ciudad por unos cuantos días?

Su propuesta escénica llenaba las cabezas de rock, colores, sensaciones y locuras visuales, en una tanda interactiva que por hora y tantito logró sacudir a un público poco acostumbrado a vivir este tipo de experiencias en la ciudad de Panamá.

Desde la década de los ochenta, los integrantes del Blue Man Gruop (BMG)se han dedicado a entretener con un show siempre renovado que combina con tino los trucos de la vieja escuela, la comedia teatral, eficientes “gags” de la técnica silente, toquecillos audiovisuales con colores encendidos y una respuesta musical que reta los límites perceptivos de la audiencia.

Con máscaras de látex azul, los muchachos del BMG logran ejecutan una intensa ráfaga de diversión que logra mover a los espectadores de su silla, con saltos, sobre saltos, bailes, vacilones y muchas carcajadas, mientras abren ventanas de deleite intelectual para dejar salir la data divertida que se esparce entre partículas de genialidad.

Blue Man Group es teatro, arte visual y locura electrónica que pone a disposición una gama de texturas que junto con las actividades irreverentes que incorporan en el espectáculo, ofrece momentos de fiesta para todas las audiencias.

La “performance” del grupo logra con éxito satirizar lo cotidiano y hace tributos evidentes a los momentos sociales que parecen apoderarse de nuestro imaginario cultural (la sorna a la booty-manía, por ejemplo, es una pequeña muestra de demostración del clima urbano).  

Lo bueno: Panamá recibió con aplausos y entusiasmo al grupo que viene desde hace décadas deleitando en las ciudades más cosmopolitas del mundo. 
Lo malo: ¿Alguno se dio cuenta que este trío de mimos azul se tomó las noches de la ciudad por unos cuantos días?

Recordemos que nos encontramos en una ciudad que trata de no dormirse. 

miércoles, 1 de julio de 2015

Periodismo responsable para nuestros “millennials”

Rainer Tuñón C.

La evolución constante de la comunicación digital y la búsqueda de tácticas que logren influir positivamente en nuestros “millennials”, comprendiendo su oferta de valor, motiva a hacer una profunda reflexión sobre la realidad que se desnuda descaradamente a diario, a través de las plataformas digitales, así como la validación de un periodismo que apueste por las nuevas tendencias, pero demostrando en su justa medida que el periodista funge como un curador de la información veraz, responsable y comprometida con el desarrollo positivo de nuestra sociedad.

Si entendemos que el curador de arte ejecuta aquellas estrategias que le aseguren una exitosa relación entre los artistas y su público en cómo una obra debe ser presentada, los periodistas nos estamos convirtiendo en algo más que eficientes compiladores de datos y hechos veraces que elevan la voz para ayudar a orientar a la sociedad con compromiso social, ética, valores humanos y la búsqueda constante de lo que idealmente se entiende como la verdad.

El poder de las nuevas herramientas de comunicación que desfilan ante múltiples formatos y plataformas es completamente palpable, sobre todo cuando interpretamos las razones por las cuales se difunden a diario campañas informativas que tienden persuadir a un público específico en un momento clave para la toma de alguna decisión importante.

Asimismo, la utilización de estos soportes se está prestando para hacernos revivir, como sociedad, lamentables capítulos de nuestra historia que tanto cuestionamos y que en este momento parecen despertar las mismas pasiones, ahora con capacidades de data ilimitada.

Vemos en redes sociales o escuchamos comentarios de gasolineras y pasillos de supermercado, cómo nos estamos volcamos hacia el evidente rasgo de xenofobia, la discriminación racial y sexual, el absurdo conservadurismo, el juicio sin el respeto a la legítima defensa, el linchamiento en redes sociales/foros virtuales y el desnudo como moda “status quo” de un movimiento social inmaduro muy contradictorio que nos mueven como horda hacia un moderno coliseo, en donde el “smartphone” es verdugo de un pulso social que clama por sangre, sudor, sexo, arena y prisión, sin mayor una mayor reflexión.

Hace poco, un auto denominado periodista digital mostraba la producción de un interesante video -de minuto y medio- sobre un hecho que según sus palabras “haría estragos”. Su idea era venderlo, como parte de un paquete de comunicación estratégica, junto con una grilla de tuits, un par de explosivos memes, una caricatura de grueso calibre y una cadena de cuestionadores mails, desde una personalidad digital anónima, para mostrar cuán poderosa sería esta campaña una vez se la posteara a los periodistas más influyentes de la ciudad.

De inmediato, la pregunta necia: ¿Investigaste, corroboraste y verificaste esta información? Lejos de cuestionar su conducta profesional, compartí el propósito de comunicar con responsabilidad y evitarse problemas legales por promover un tipo de escenario desprovisto de información real, lo que de inmediato hizo recordar algo que Carl Bernstein mencionaba: “… la esencia del periodismo, que debe ser la que guíe a todo buen profesional, es buscar la verdad y contarla sin manufacturas, ni sensacionalismos”.
En la actualidad, el buen periodista, sobre todo, el que interactúa con nuestra generación de “millennials” se debe distinguir por un común denominador: es un profesional que sabe diferenciar entre una información veraz, relevante y actual, frente al resto que coloca cualquier contenido en los múltiples vehículos de la comunicación digital y otros soportes de la comunicación tradicional.

De esta manera, el periodismo, en estos tiempos digitales, ha de desarrollarse a ritmo trepidante, pues los datos que llegan en tiempo real, aunque requiere de una importante inflexión que lo lleva hacia el análisis y decantado profesional de hechos, que sean complementarios a nuestro parecer sobre la discernimiento entre un hecho cierto y la información que se mueve sobre la pista digital.

En definitiva, porque somos parte de esta nueva cultura, el whatsapp, los teléfonos inteligentes, las redes sociales y los micro formatos son claramente algunas de las herramientas eficientes de la gestión comunicacional para nuestros “millennials”, porque van más allá de los paradigmas conocidos al servicio de la información, pero estas deben ser parte de una estrategia comunicacional responsable que más allá de los contenidos, informe con seriedad y compromiso para que todos podamos tomar las mejores decisiones como sociedad.


viernes, 26 de junio de 2015

Noriega: La producción del perdón


Rainer Tuñón C.

La oportunidad histórica de producir y conducir la entrevista “frente a frente” con una personalidad de muy alto perfil, es motivo de admiración dada las circunstancias que vive el país, el claro mensaje a transmitir y la experiencia de calibrar el pulso ciudadano en relación a su madurez social respecto a acontecimientos que mantienen abiertas las heridas de algunas generaciones.

Esa misma oportunidad histórica, permite al entrevistado plantear el formato, la producción misma de su participación, su caracterización y la elaboración de palabras claves y mensajes a transmitir para su propósito comunicacional.

El mensaje, sencillo y contundente: - “Pido perdón a toda persona que se sienta ofendida afectada perjudicada o humillada por mis acciones o las de mis superiores en el cumplimento de órdenes, o la de mis subalternos en ese mismo estatus; y en el tiempo de la responsabilidad de mi gobierno civil y militar… gracias”-.

Lo interesante de esta reflexión viene siendo en realidad la intención de la “oportunidad histórica”, el formato en el cual se da, los mensajes a transmitir y la medición del resultado, dentro de lo que conocemos como clima de favorabilidad social.

El detenido Manuel Antonio Noriega Moreno accede a participar de un encuentro con el periodista Álvaro Alvarado y aprovecha la cámara para subrayar frases claves: “último General de la era militar”, “cautiverio por más de 25 años”, “tiempo que excede las penas impuestas en ausencia”, “tiempo servido”, “reflexionando con la iglesia”, “bajo mis propias convicciones”, “totalmente en paz”, “reflexión cristiana que conlleva los actos de contrición” y “solemnidad ante el altar de mi conciencia”.

Estas palabras claves las enmarca el emisor del mensaje en un formato conocido como declaración, lo que en comunicación estratégica supone una herramienta que presenta menajes cortos, claros, precisos, que no buscan desarrollar el ejercicio de preguntas y respuestas, que se son parte del formato entrevista, de interés tácito del periodista.

Resalta, por el interés del emisor, transmitir que “cierra” el ciclo de la era militar, pues lo considera oportuno en las circunstancias que vive el país, siendo este un mensaje que se presta a una multiplicidad de interpretaciones; y de facto lo hace en su calidad de “Comandante en jefe” y “Jefe de gobierno”, en control del tono del mensaje mismo.

Se trata de un acto reflexivo del emisor dentro de un formato establecido por él -la declaración-, que luego de ser leída con pausa, buena dicción, con elementos visibles a la percepción (manuscrito con algunas líneas subrayadas en rojo), con aceptable presencia física, adecuada postura frente a su propio interés de emitir un mensaje, y en lo que parece un perfecto control de su participación en televisión, cierra su intervención con un “gancho” de supuesto interés noticioso: “…Dios primero, las circunstancias darán la oportunidad de presentar las verdades desconocidas”.

El papel como periodista lo obliga a hacer preguntas, sin embargo el entrevistado se remite a una declaración, y mantiene su esfera de control, en el entendimiento de que una respuesta no es más que la ilación de sus reflexiones y la oportunidad de transmitir tanto mensajes como palabras claves. Esto sería el reconocimiento de un interesante y acertado ejercicio de comunicación en el cual el emisor del mensaje controla la intención de transmitir bajo sus propios términos. Una respuesta típica a cualquier pegunta en este contexto, sería lo que expresó: “…el espíritu, en su expresión y en su esencia, lo contemplan las palabras que acabo de decir”.

Asimismo, el agregar que: “…yo quiero mantener la solemnidad de mis expresiones, de mis meditaciones, de mis asesoramiento espirituales en este marco para que no se salga –hablando en panameño- del propósito por el cual yo hoy después de tantos años acepté a sentarme frente a usted y hablar pidiendo perdón a la ciudadanía”, reitera que su participación responde al único interés de posicionar un mensaje dentro del formato de una declaración.

Si el momento histórico fue pactado como entrevista, se dio una declaración, en los términos del emisor. Vimos a un entrevistado sereno, mostrando sentido de reflexión, preparado para la oportunidad, diciendo: “…yo he venido hoy, bajo mis propias convicciones, sin apremio, sin intereses, a dar una declaración. No doy una entrevista hoy, doy una declaración que es la que voy a compartir y a leer”, pero al mismo tiempo, entendimos que en comunicación uno es capaz de decir algo a alguien con una intención, esperando una cadena de sucesos para capitalizar algún resultado.

Numéricamente hablando, y sumando desde la métrica más sencilla, la oportunidad del entrevistado generó en web y redes sociales - horas después de la intervención- la visibilidad de más de 15 mil usuarios que se identificaron dando “like” o votos en contra, siguiendo alguna red social o visitando páginas en donde el mensaje estaba “posteado”.

En cuanto al índice de recepción a través de medios impresos, la cobertura de la oportunidad histórica no superó en interés periodístico los temas recurrentes de nuestra actual agenda informativa, lo que al final se traduce en un hecho de menor valor noticioso inmediato, aunque sí ha genera una ola de reflexiones ciudadanas, dada las reacciones luego de la declaración.

Es curioso, aunque la oportunidad histórica le permitió al emisor, transmitir un mensaje contundente y 10 frases claves, en sus propios términos, redondea su participación con un avance en calidad de expectativa de lo que arguye el que vendrá de sus siguientes reflexiones, aunque queda la duda si lo que el emisor genere despierte clima de opinión, tomando en cuenta la sed y el hambre de justicia frente a la nueva realidad que vive el país.

En todo caso, el tiempo le dará la oportunidad a este ejercicio de adquirir la solemnidad y el valor histórico en una multiplicidad de formatos, entre ellos: ensayos, libros, revistas, documentales, periodismo a profundidad, hasta llegar, posiblemente a la gran pantalla, pero no en géneros de comedia negra de la talla de "Noriega: el favorito de Dios" o documentales como "Panama Deception" o "Invasión", como hemos visto anteriormente.

jueves, 25 de junio de 2015

Poltergeist, o la necesidad de los sustos genuinos


Rainer Tuñón C.

¿Qué es lo que pasa cuando nuestras generaciones dejan de responder emocionalmente a una escena de miedo, ya sea violenta o de mucho suspenso?

Se supone que el género del terror causa sensaciones similares a las que experimentamos cuando nos ocurren  situaciones que nos hacen sentir miedo o algo de temor. 

En estas películas, la adrenalina, el sudor frío y el frenético ritmo de nuestro corazón se apoderan y así nos volcamos a expresarnos a través de sobresaltos, gritos o impavidez, entre otras manifestaciones, producto de la experiencia del miedo genuino.

El género del terror ha dejado de tener ese efecto, sin embargo la industria cinematográfica busca constantemente alguna fórmula, ya sea de fuente conocida, de mercados distintos al “mainstream” estadounidense  o a "remakes" de clásicos de terror, para darle alguna actualización y mostrar cierta vigencia  para que las nuevas generaciones disfruten de las emociones que fueron experimentadas décadas atrás.

Esta iniciativa de reciclaje intelectual no debería ser aplicada a ciertos productos, pues en algunos casos valdría la pena no retocar algo que siendo original era extraordinario. El resultado se puede apreciar -por ejemplo- en el calco de Gus Van Sant, cuando decide hacerle homenaje a “Psicosis”, de Alfred Hitchcock.

Ahora, este año, el director Gil Kenan (“La casa de los monstruos”) se las ingenia para entregar una nueva visión de “Poltergeist”, que según se discute, en su primera versión fue dirigida a media mano por Tobe Hopper (“La masacre de Texas”), su director de encargo, cuando a Steven Spielberg no se le permitió filmarla en paralelo con “E.T.” hacia 1981.

La historia sigue a la familia Bowen y la intromisión de fenómenos paranormales en la paz y tranquilidad de su nueva casa, en especial cuando la víctima es la pequeña Maddy (Carol Anne en la versión original).

Si bien es cierto, la nueva visión de esta saga de terror cuenta con su par de sustos y una edición en sincronía con la "feeling" de las nuevas audiencias, en su desempeño pierde color y tono, pues falla en el intento de levantarse como un digno homenaje de la original.

Las actuaciones sobresalen, pero el interés por la historia no sobrevive a un análisis de entorno socio cultural, tal y como lo plantearon Hopper/Spielberg, sin embargo al final queda la sensación de haber visto algo que asusta, pero no mete miedo.

En realidad, si preguntaran: ¿Qué clásicos del cine de terror han dejado sensación de miedo?, podría responder: “El exorcista”, de William Friedkin; “Alien”, de Ridley Scott; “La profecía”, de Richard Donner; “El enigma de otro mundo”, de John Carpenter; “La noche de los muertos vivientes”, de George Romero; “Posesión infernal”, de Sam Raimi; “Brain Dead”; de Peter Jackson y “Hellraiser”, de Clive Barker.


¿Y en estos últimos años? Pocos, pero destacaría: “Martyrs”, de Pascal Laugier; “Scream”, de Wes Craven; “La maldición”, de Takashi Shimizu; “las colinas tienen ojos”, de Alexandre Aja; “The descent”, de Neil Marshall; “Hostel”, de Eli Roth; “El exorcismo de Emily Rose”, de Scott Derrickson; “Tesis”, de Alejandro Amenábar; “Eden Lake”, de James Watkins y “La cabaña del terror”, de Drew Goddard.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Invasión: El dolor que eleva la voz


Rainer Tuñón C.

La invasión a Panamá, ocurrida el 20 de diciembre de 1989, es un acontecimiento histórico que navega entre muchas versiones, aunque nunca se ha hablado con sinceridad, duelo, formalidad o consenso.

Su historia se sigue contado sin rigor, sin hilo conductor. Sus registros permanecen en la memoria colectiva de quienes realmente sienten que algo imborrable pasó. Sus muertos siguen desconocidos; las heridas no sanan y la sociedad permanece muda, sin madurar.

La Invasión – o como se le hizo conocer en aquellos días: Operación Causa Justa – vive como un hecho borroso y diluido, de esos que oficialmente no se quieren contar.

Este año, el director Abner Benaim se acerca para alzar unas cuantas voces, con una apuesta de cine documental que logra evocar de la memoria de cientos de panameños lo que realmente se sintió, a un cuarto de siglo de lo sucedido.

El filme fue presentado en la pasada edición del Festival Internacional de Cine de Panamá  y tras su proyección se levantó un interesante debate entre nacionales y visitantes extranjeros sobre la importancia de que este documento tenga difusión nacional amplia para que en Panamá empiece un debate sincero que haga la purga de lo que nunca afloró después de la Invasión.

Ahora, la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de los Estados Unidos ha seleccionado al filme como representante de Panamá para participar en la carrera por los premios Oscar, un triunfo para el país, que permitirá que más audiencias en el mundo escuchen las voces de los panameños respecto a este tema. 

Sobre esta producción, el Director de la Comisión de Cine del Ministerio de Comercio e Industrias, Stephan Proaño, explica que: “la frase Prohibido Olvidar está ahora más vigente que nunca; y en la búsqueda de nuestra identidad post-canal, el arte es una herramienta inigualable y poderosa.  Más de la mitad de la población no recuerda ni tiene una conciencia clara del cuándo-qué-y-cómo de la invasión”.

Mientras tanto - contaba Abner - que Invasión “es una película sobre la memoria”.

“Para mí es un tema interesante como cineasta. Ya sé cuánto demora y cuánto esfuerzo se toma al hacer una película, así que uno no puede meterse en un proyecto así nada más. Uno tiene que hacer algo nuevo que uno sienta hacerlo y en cierto modo nos entretiene o reta, y hacer un documental tradicional sobre la invasión no era interesante para mí”, comentaba al finalizar su premiere mundial.

Así, Benaim elige la recreación y el testimonial, si escarbar en el registro documentado existente, pues su intención es mover al espectador hacia la voz y el corazón de cada ciudadano que narra dónde se encontraba cuando ocurrieron los hechos.

“Por la naturaleza del tema, como yo percibía que estaba pegada la historia oral de las cosas, en la mente de cada uno y que no había una historia consensuada, entonces  preferí hablar sobre eso”, compartía Benaím con la audiencia.

Por su parte, el Director de la Comisión de Cine del Ministerio de Comercio e Industrias, señala que como todas las producciones de Abner Benaim, la calidad de la imagen es óptima y el sonido impecable.

Apunta que el director ha sido audaz por su decisión de no valerse del archivo de imágenes de violencia y bombardeo nos lleva a concentrarnos en las historias que cuenta la gente.

“Y la palabra genera imágenes que nosotros mismos vamos creando. Así cada uno de los espectadores va haciendo su propia película. Ese carácter interactivo también se manifiesta en la presencia esporádica del investigador/entrevistador y su equipo, que son como el vehículo de nuestra propia curiosidad. Las recreaciones de escenas enfatizan el surrealismo de esa experiencia tan traumática para muchos panameños”, indicó Proaño.

Agrega Stephan que en el último concurso del Fondo Cine, el tema de la Invasión está presente, desde diversos ángulos, en tres de los ganadores. “Hay una enorme necesidad de investigar y contar”, destaca.

La invasión vista desde el cine

Existen referentes cinematográficos que han ubicado a Panamá en la colección de cinéfilos que buscan entender por qué el país se convirtió - luego de la Invasión – en material de consumo morboso para elaborar guiones basados en el Canal de Panamá, Manuel Antonio Noriega y el ataque al corazón del país.

Algunos de ellos fueron alabados por la crítica mundial, pero abucheadas por la ciudadanía panameña; otros fueron ganadores de premios internacionales, pero ferozmente cuestionadas por los sectores que apoyaron la invasión a Panamá.

La directora Bárbara Trent, realizó en 1992 lo que The Boston Herald considerase como "un coctel molotov cinemático", a través de su documental ganador del Oscar: “La decepción de Panamá”.

El documental de Trent expone cómo el gobierno norteamericano y los medios masivos de comunicación suprimieron información sobre este instante en la historia de Panamá.

Desde la presentación oficial de La decepción de Panamá hacia agosto de 1992, el documental fue exhibido en 80 ciudades y apareció en video tiendas estadounidenses en 1993, un año más tarde. "The Panama Deception", su título en inglés, fue difundido por servicios de cable a través de Cinemax en octubre de 1993 y Bravo, un canal independiente, mantiene los derechos de transmisión.

Bárbara Trent comentaba que había despertado una mañana y en las noticias, el presidente George Bush estaba diciendo que había enviado 14,000 tropas y aviones Stealth para capturar a un solo hombre.

“Nosotros supimos que tenía que haber otra razón para esta invasión. No se toman 14 mil soldados y aviones Stealth para capturar a un hombre que ni siquiera se encontraba en un bunker bajo tierra. Sabíamos que era descabellado. También sabíamos que mucha gente inocente moriría. Queríamos encontrar la verdad y decirla al mundo entero”. Así se concibió “La decepción de Panamá”.

Paul Leduc, director mexicano conocido por el filme biográfico “Frida, Naturaleza Viva”, que protagonizara Ofelia Medina, realizó en 1993 un inusual musical que pasó desapercibido en el continente americano, basado, supuestamente, en una historia real panameña: la violación de una mujer por parte soldados norteamericanos teniendo como telón la invasión a Panamá.

Con métodos de producción muy modestos, y utilizando como telón el tema de la invasión a Panamá, Leduc construyó una rica y dinámica fuente de creación y fantasía, al menos para la prensa especializada en Europa.

También, la figura de Manuel Antonio Noriega era irresistible como fuente de creación cinematográfica. El escritor de la revista New Yorker, Lawrence Wright, quien estuvo atraído por Noriega mientras leía y escuchaba sobre el cerco en la nunciatura en 1989, preparó un guión conceptualizando esta historia como una obra teatral, aunque la idea no aterrizó.

Como hubo mucho interés de Holywood en aquellos años, Oliver Stone (“Pelotón”) se sintió atraído por la historia y quiso producirla y dirigirla, contando con el protagónico de Al Pacino; sin embargo optó por realizar un filme sobre Richard Nixon.

Showtime, un canal de televisión por cable, decidió arriesgar un presupuesto de cinco millones de dólares y encargarle a Roger Spottiswoode, realizador estadounidense conocido a principios de los ochenta por la dirección del drama periodístico "Bajo fuego" (sobre la crisis en Nicaragua), el proyecto de Noriega.

Spotiswoode estaba en la dirección de la película "007: El mañana nunca muere", con Pierce Brosnan como James Bond, y se muda a Manila, Filipinas, para iniciar con la producción de "Noriega: el favorito de Dios". El único problema para darle rigor periodístico al relato era al menos una entrevista con el propio Noriega.

El filme recibió la espalda de los distribuidores estadounidenses, aun contando con un gran actor en el rol protagónico, el británico Bob Hoskins ("Mona Lisa", "¿Quién engañó a Roger Rabbit?"), quien lleva el peso real del filme.

El filme era una comedia negra que caricaturizaba la atmósfera circense posterior a la caída del General Noriega. En sus primeras escenas, Spotiswoode muestra a Hopkins como un Noriega confesándose con un sacerdote y jactándose de ser un hombre bendecido. Paralelo a esta confesión, en la selva, una tortura y asesinato para la historia de Panamá.

Por su parte, John le Carré, quien alcanzó la fama internacional con sus novelas de espionaje, enfocándose con el servicio secreto británico, gracias a su estilo realista escribió “El sastre de Panamá” y junto con el director irlandés John Boorman, lo llevan al cine contando como protagonista a Pierce Brosnan, quien buscaba alguna forma de parodiar a James Bond, personaje que le estaba dando fama y renombre mundial, pero que también lo estereotipaba como actor por culpa del efecto Bond.

“El sastre de Panamá” es un film de espionaje que combina la narración clásica de Le Carré con los procedimientos posmodernos de la parodia y la desconstrucción, dirigidos con cierta gracia por Boorman.

Creando líneas paralelas entre "Nuestro hombre en la Habana", basada en la novela de Graham Greene de y dirigida por Carol Reed; "Casablanca" de Michael Curtiz y cualquier filme de la serie 007, Le Carré y Boorman crearon una comedia negra que satirizaba el género de espionaje y lo llevaron, sin mayor éxito, a niveles de simulación y mentira, propias de este tipo de cine.

Si bien es cierto, estos filmes lograron colocar en el mapa del mundo lo sucedido en Panamá, Invasión de Abner Benaim ha sido muy eficaz al elevar las voces que atestiguaron lo sucedido.

Sobre la Invasión a Panamá, decía el cantautor Rubén Blades: "el dolor que hubo aquí no habló realmente". Ahora con el filme "Invasión", y las próximas producciones serias que se hagan sobre este doloroso episodio, la memoria y esas voces tendrán su espacio para construir versiones que vayan encontrando consenso.

El Monstruo Leñador, asesino de sicópatas

Rainer Tuñón C. La navegación sin rumbo fijo entre títulos del catálogo de Netflix nos lleva a encontrarnos con inusitadas curiosidades. Apa...